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El nuevo evangelio transcultural iii

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EL NUEVO EVANGELIO TRANSCULTURAL (III)

EL NUEVO EVANGELIO TRANSCULTURAL ( III ) Por el pastor J.A. Holowaty Publicado en el año 2003
(Viene del post II) EL ANTIGUO TESTAMENTO- SU IMPORTANCIA Hoy advertimos una indiferencia desmedida hacia el Antiguo Testamento. Algunos prácticamente lo han extirpado de la Biblia. Demasiados cristianos parecen satisfechos con encuadrar sus vidas sólo alrededor del Nuevo Testamento y pasan muy poco tiempo, o ninguno, estudiando los otros 39 libros de la Biblia. Esta es una indiferencia peligrosa. El Señor Jesucristo enfatizó el valor eterno de toda la Palabra de Dios, así como la responsabilidad del creyente de conocerla y obedecerla. Dijo: "No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido" (Mt. 5:17,18). Asimismo dijo Dios por medio de Pablo: • "Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza" (Ro. 15:4). • "Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos" (1 Co. 10:11). • Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra" (2 Ti. 3:14-17).
Por ejemplo, Dios le dio a Daniel algunas visiones y sueños que anticipaban el futuro, la nación que gobernaría inmediatamente después de Babilonia, al igual que los reinos sucesivos hasta el estado eterno y el reino de nuestro Señor. Jehová le hizo saber con anticipación la venida de los reinos futuros, los conflictos de los reyes futuros y la completación de todas las cosas. Descubrimos en las profecías de Daniel, al igual que en el libro de Apocalipsis, que en los últimos días se integrará una confederación de 10 bloques de naciones que son parte integral del antiguo imperio romano. Por eso es que los estudiosos de la profecía le llaman a la Unión Europea, el Imperio Romano revivido. Esto se ajusta a las profecías del libro de Daniel. Todavía no hemos visto todo, pero sí lo suficiente para saber que estas profecías señalan al pronto retorno de Jesús. El libro de Daniel junto con el de Zacarías, contienen profecías maravillosas. Walter Kaiser, en la página 17 de su libro publicado en inglés Hacia un redescubrimiento del Antiguo Testamento, identifica al Antiguo Testamento como «el problema más central y decisivo de la teología cristiana». Argumenta «que la actitud que adoptamos ante el Antiguo Testamento, determinará automáticamente gran parte de nuestra teología cristiana, sea que lo hagamos en forma deliberada o en forma irreflexiva». Pero muchos cristianos hoy muestran una indiferencia negligente hacia el Antiguo Testamento y no ven problemas en arrojar a un lado esa parte tan vital de la revelación sagrada. Tal vez el mayor peligro de esta actitud de descuido, es que el creyente que disfruta de las bendiciones provistas por el Nuevo Pacto puede perder de vista la majestad del Dios que se reveló en forma tan poderosa en el Antiguo Testamento. Por cierto, la principal característica del Nuevo Pacto es el Espíritu Santo que mora dentro de nosotros, ministrando al creyente en una intimidad con Dios que era inconcebible en el Antiguo Testamento. Hoy tenemos el privilegio de poder llamar a Dios "Abba", una palabra hebrea que significa "Padre", como dice la Escritura:  "Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!" (Ro. 8:15) "Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!" (Gá. 4:6) Sin embargo, hay un pecado en el que puede caer todo el que disfruta de esta intimidad: la familiaridad descuidada. Esta familiaridad se manifiesta de distintas formas hoy: en la petulancia, la superficialidad y el respeto marginal con que los creyentes hablan del Dios eterno. En la forma tan descuidada como consideran sus mandamientos y normas, y en el carácter egocéntrico de la adoración. Esto mejoraría si simplemente se le prestara una mayor atención al Antiguo Testamento. Creo que no hay mejor antídoto para esta actitud que sobrecogernos con temor reverente al leer de la visión del profeta Isaías al contemplar el trono del Dios tres veces santo. En unir nuestras voces con la del salmista de Israel mientras alababa al Señor que hizo el cielo, y al maravillarnos ante el relato de los hechos poderosos de Jehová y el descuido de su pueblo. Sin el Antiguo Testamento, es también imposible entender correctamente el lugar único que ocupa el pueblo escogido de Dios en la historia mundial y las raíces judías del cristianismo. Es muy peligrosa la actitud de la nueva comunidad cristiana que acepta tan a la ligera la gracia ofrecida en el Nuevo Testamento mientras descuida la base firme del Antiguo Testamento. Este desprecio deliberado por las verdades escatológicas que contiene la Biblia, parece haberse convertido en la moda de la época. "Ciertamente", dicen: "al final todo saldrá bien según la intención de Dios", pero ese hecho no absuelve a los creyentes de su obligación de estudiar y creer en las Escrituras proféticas que describen cómo saldrá todo bien. Aproximadamente una cuarta parte de la Biblia es profecía, y la Escritura nos amonesta a que estemos siempre alertas: • "Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor. Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa" (Mt. 24:42,43). • "Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir" (Mt. 25:13).
• "Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo. Es como el hombre que yéndose lejos, dejó su casa, y dio autoridad a sus siervos, y a cada uno su obra, y al portero mandó que velase. Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o a la mañana; para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo.  Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad" (Mr. 13:33-37).
PALABRAS DE PROFECÍA Asimismo le confiere una bendición especial a todos los que estudian cuidadosamente el Apocalipsis, la porción que revela en forma más completa la gran culminación que Dios ha planeado para la historia: • "Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca" (Ap. 1:3). • "¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro" (Ap. 22:7). Es obvio que toda especulación sobre los últimos tiempos que no puede ser respaldada por las Escrituras es molesta en el mejor de los casos, y peligrosa, en el peor de ellos. Pero el remedio para el abuso de la interpretación de la profecía no es abandonarla, sino honrar diligentemente los principios de la interpretación sólida gramatical e histórica. Sólo Dios sabe el curso que tomará la historia de la iglesia durante este próximo milenio. Pero si continúan estos acontecimientos, es lógico suponer que las distinciones doctrinales continuarán desintegrándose en favor de una unidad cada vez menos bíblica. Esto puede no ser un buen augurio para los cristianos que no estamos dispuestos a ceder y abandonar nuestras creencias 100% bíblicas. Podríamos convertirnos en el problema que requiere una solución. Las repercusiones, sin embargo llegan aún más lejos. Una vez que los hombres se deshagan del verdadero significado de la Palabra de Dios, podrán justificar cualquier cosa. Sin la confianza en la suficiencia de las Escrituras y sin el fundamento del Antiguo Testamento, se volverá más fácil aún para los cristianos, creer una mentira. ¿Cómo pueden líderes que deberían saberlo mejor, pervertir en forma tan descarada el evangelio de Dios, promoviendo esperanzas falsas y desviando a millones a que confíen en sus propias palabras? ¿O será que en su afán por presentar grandes cifras de "convertidos" están dispuestos a sacrificar no sólo la sana doctrina, sino hasta su propia alma? ¿Será acaso que temen más al rechazo de los hombres que al de Dios? ¿En dónde está el temor a Dios? ¡Están haciendo mofa del Dios de los cielos!
La perversión de la verdad trae popularidad. ¡Qué Dios nos libre de caer en una trampa semejante, en un afán por ganar nuevos convertidos! ¡Nuestro compromiso de estar firmes por su verdad redunda en el bienestar eterno de esos a quienes influenciamos! ¡Ojalá trabajemos para la gloria de Dios, sin buscar la popularidad al ser "un gran evangelista!"

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